
ULTRASONIDOS.
Introducción
El oído humano percibe las vibraciones sonoras
en las frecuencias comprendidas entro 30 Hz y 20 KHz. Los ultrasonidos
sobrepasan ampliamente estos límites, ya que las frecuencias
utilizadas en terapia se sitúan alrededor de 1 y 3 MHz.
Generación de los ultrasonidos
Una fuente de ultrasonidos contiene un componente que
posee propiedades físicas especiales y se denominada "transductor
piezoeléctrico". Cuando un transductor piezoeléctrico
es sometido a una corriente variable, se deforma transformando las oscilaciones
de la corriente eléctrica en oscilaciones mecánicas (vibraciones).
Un equipo para terapia ultrasónica consta básicamente
de un generador de corriente eléctrica de alta frecuencia (1
MHz, 3 MHz) y de un "transductor piezoeléctrico". La
corriente es transmitida a través de un cable al transductor
piezoeléctrico situado en el cabezal de tratamiento. Las variaciones
de la corriente provocan deformaciones en el mencionado transductor
piezoeléctrico, convirtiendo la corriente eléctrica en
oscilaciones mecánicas. Las oscilaciones mecánicas del
elemento piezoeléctrico son transmitidas a la superficie del
cabezal de emisión, generando así ondas ultrasónicas
con frecuencia entre 1 y 3 MHz, cuya intensidad se mide en Watt/cm2.
Cuando la onda ultrasónica pasa por un medio,
por ejemplo el cuerpo humano, su intensidad disminuye por efecto de
dos fenómenos: la absorción (mediante la cual los tejidos
convierten la energía de la onda ultrasónica en calor)
y la dispersión (la onda, generalmente paralela, se dispersa
progresivamente al pasar por los tejidos).
Estos dos factores reducen la intensidad de la oscilación
ultrasónica en una fracción constante por cm, de manera
que a cierta profundidad bajo la superficie, la intensidad de la onda
ultrasónica resulta ser la mitad. A tal profundidad (d) se le
denomina "valor medio de penetración". Por tanto a
una distancia 2d de la superficie, la intensidad de la onda será
un cuarto de la intensidad medida en la superficie. El valor medio de
penetración de los tejidos blandos varía según
la frecuencia y por tanto a 1 MHz será substancialmente diferente
al valor que tendría a 3 MHz.
El aire no transmite las ondas ultrasónicas,
así pues, en el tratamiento con ultrasonidos se debe cuidar que
entre el cabezal ultrasónico y la piel del paciente no halla
aire. Para eliminar el aire entre el cabezal y la superficie cutánea
se utiliza entonces un medio de acoplamiento (gel para ultrasonidos);
sin embargo ningún líquido de acoplamiento asegura una
transmisión perfecta de la energía ultrasónica.
Para evitar los fenómenos de refracción, el tratamiento
debe aplicarse cuidando que la mayoría de las ondas ultrasónicas
viajen a lo largo de la normal ( perpendicular a la superficie de la
piel).
Los generadores de ultrasonidos permiten seleccionar
una emisión continua o pulsada según el efecto biológico
buscado durante el tratamiento.
Efectos de la ultrasonoterapia en los tejidos
biológicos
Los efectos producidos por la terapia ultrasónica
sobre los tejidos biológicos se clasifican en:
· Efectos térmicos
· Efectos mecánicos
· Efectos biológicos y químicos.
Efecto térmico.
Cuando la onda ultrasónica es absorbida por los tejidos, se convierte
en energía térmica (calor). La cantidad de calor producido
depende de varios factores, como por ejemplo del número de veces
que el transductor pase sobre la parte del cuerpo tratada y la potencia
utilizada (Watt/cm2) en el tratamiento.
Cuando se desea que prevalezca un efecto térmico
es fundamental utilizar la dosimetría correcta. Un marcado efecto
térmico, por ejemplo, está contraindicado en el tratamiento,
en fase aguda, de distorsiones, desgarraduras musculares y hematomas.
Con el fin de evitar concentraciones de calor, el cabezal
ultrasónico debe mantenerse constantemente en
movimiento durante todo el tratamiento. El movimiento continuo del cabezal
le permite al flujo circulatorio difundir la energía térmica
desde las zonas directamente expuestas a los tejidos circundantes.
Los ultrasonidos en modalidad pulsada (frecuencia de
pulsación f = 100 Hz, o sea 10 ms de emisión y 10ms de
pausa) producen un efecto térmico limitado por cuanto el calor
producido durante los 10ms de emisión es equilibrado durante
los 10 ms de pausa. El ultrasonido pulsado está por tanto indicado
en el tratamiento de afecciones en fase aguda, en las que el efecto
térmico constituye una contraindicación. Existe además
una aplicación especial denominada tratamiento fijo, que se efectúa
con un cabezal (con una superficie de contacto superior a la del cabezal
de masaje ) y trabaja sólo en modalidad pulsada y con potencias
reducidas.
Efectos mecánicos.
El efecto mecánico es producido por las variaciones
de la presión intratisular causadas por la transmisión
de las ondas ultrasónicas.
La cavitación es un fenómeno por efecto
del cual, durante el tratamiento con ultrasonidos, se forman burbujas
de gas en los tejidos. La cavitación no resulta peligrosa para
los tejidos si las burbujas oscilan establemente sin mortificarse; cuando,
por el contrario, las burbujas tienen carácter transitorio, la
cavilación resulta perjudicial para los tejidos, por cuanto las
burbujas crecen y colapsan rápidamente causando un aumento sensible
de la temperatura.
El riesgo de daños a los tejidos por efecto
de la cavitación puede reducirse al mínimo actuando de
la manera siguiente:
1- utilizando potencias inferiores a 3 Watt/cm2
2- utilizando una fuente pulsada de ultrasonidos;
3- moviendo el cabezal durante el tratamiento.
Otro efecto mecánico importante que puede conseguirse
con el tratamiento de ultrasonidos es el denominado “micromasaje".
El efecto de micromasaje del ultrasonido se produce
a nivel celular, comprimiendo y volviendo a separar las células
sucesivamente. Este movimiento es muy parecido al masaje y parece influir
sobre los fluidos intercelulares, reduciendo tantos los edemas simples
como los edemas crónicos endurecidos.
Efectos biológicos.
Uno de los efectos producidos por la onda ultrasónica consiste
en favorecer el flujo unidireccional de los componentes celulares, especialmente
a nivel de las membranas celulares. Se ha constatado que el flujo produce
modificaciones en la velocidad de la síntesis protéica
y podría desempeñar un papel importante en la estimulación
de la reparación de los tejidos.
Los ultrasonidos producen un efecto antiálgico.
Aunque este puede atribuirse al efecto térmico conseguido con
una onda continua, la eliminación del dolor puede lograrse también
con una emisión pulsada de bajo efecto térmico. El mecanismo
analgésico podría ser un efecto de la estimulación
de los mecanorreceptores tisulares, los cuales actuarían modulando
las aferencias dolorosas según la bien conocida teoría
de la "puerta de control" (gate theory).
Técnicas de aplicación
Tratamiento subacuatico.
Generalmente los cabezales de tratamiento son perfectamente
estancos y por tanto pueden sumergirse completamente en el agua. Esto
da la posibilidad de someter a un tratamiento subacuático a las
zonas dolorosas al contacto con el cabezal, así como las partes
con protuberancias óseas, como por ejemplo las manos y los pies.
La parte del cuerpo a tratar es sumergida en el agua, mientras que el
cabezal de masaje se mantiene a 1-2 cm de distancia de la superficie
cutánea.
El cabezal puede utilizarse en posición fija
o moverse en círculos concéntricos manteniendo la superficie del cabezal paralela a
la
superficie cutánea para reducir al mínimo los fenómenos
de
refracción.
El agua del grifo presenta problemas, pues las burbujas
de gas que se disocian del agua se acumulan en la piel del paciente
reflejando la onda. Esto obliga a eliminar frecuentemente las burbujas
de gas de la superficie de la piel.
En tratamientos con agua no desgasificada, la potencia
ultrasónica resulta más atenuada que en caso de contacto
directo, por tanto se necesitan dosis más elevadas. Cuando se
utiliza agua desgasificada, debe aplicarse la misma dosis utilizada
en el tratamiento con contacto directo.
Contacto directo.
Si la superficie a tratar resulta bastante uniforme,
es suficiente interponer un gel de acoplamiento para eliminar el aire
presente entre la piel y el cabezal de tratamiento, garantizando así
una mayor eficacia en la transmisión de la onda ultrasónica
a los tejidos.
El cabezal de tratamiento debe moverse en pequeños
círculos concéntricos sobre la piel, con el fin de evitar
la concentración de energía en un punto. Al mismo tiempo
es necesario asegurarse de que el cabezal esté constantemente
en contacto con la superficie cutánea.
De todas maneras la emisión de ultrasonidos
se activa sólo cuando el contacto entre el cabezal y los tejidos
del paciente es el adecuado.
Dosificación.
La dosificación representa probablemente el
asunto más controvertido en materia de ultrasonoterapia. La controversia
concierne tanto a la elección de la modalidad de funcionamiento,
continuo o pulsado, como a las potencias más eficaces desde el
punto de vista terapéutico. La experiencia directa del terapeuta
así como su metodología de trabajo juegan el papel más
importante; por tanto, en esta publicación nos limitaremos a
facilitar al lector algunas indicaciones generales.
Cuando se somete a un paciente a un tratamiento con
ultrasonidos, es importante recordar que la intensidad del ultrasonido
emitido por el cabezal de tratamiento no se corresponde con la intensidad
aplicada a los tejidos profundos. De hecho, la intensidad ultrasónica
que llega a estos tejidos resulta reducida por efecto de algunos fenómenos:
1. la absorción del medio de acoplamiento,
2. la atenuación del rayo debido a la absorción y la dispersión,
así como
3. la refracción del rayo a nivel de la interfaz de los tejidos,
un fenómeno que puede desviar la onda del tejido afectado.
Todos estos elementos deben tenerse en cuenta a fin
de establecer la dosis más apropiada para el tratamiento. Otro
factor importante es el estado agudo o crónico de la patología.
Acoplamiento directo
Dosis en condiciones agudas
En el caso de las condiciones agudas, el tratamiento
debe aplicarse con mucho cuidado para evitar un empeoramiento de los
síntomas. En los estadios iniciales se utiliza, durante 5 minutos,
una dosis baja (entre 0,5 - 1 Watt/cm2).
La aplicación del ultrasonido en modalidad pulsada
reduce el efecto térmico que podría causar una reagudización
de los síntomas. Si se produce una mejoría no será
necesario aumentar progresivamente la dosis, que por tanto podrá
mantenerse constante durante los tratamientos sucesivos. Si no se observa
ninguna mejoría, se podrá aumentar levemente la intensidad
hasta 1,2 Watt/cm2 o extender a 10 minutos la duración de la
emisión del ultrasonido en cada aplicación.
El agravamiento de los síntomas no debe necesariamente
considerarse una señal negativa, por cuanto podría indicar
la existencia de un proceso de reparación en curso. En el caso
de que se produzca un marcado empeoramiento, será necesario reducir
la dosis del tratamiento, tanto en intensidad como en duración,
o suspender el tratamiento con ultrasonidos hasta que los síntomas
vuelvan al nivel inicial.
Dosis en condiciones crónicas.
Las condiciones crónicas pueden tratarse tanto
en modalidad pulsada (75%) como en continua. En régimen continuo,
la intensidad máxima a utilizar es la intensidad suficiente para
producir un calor moderado. Eso se verifica aproximadamente a una intensidad
de 1.0 - 1.2 Watt/cm2. Inicialmente se administra una dosis baja (0.8
Watt/cm2 durante 4 minutos) para comprobar que no se produzcan efectos
negativos. Si una dosis produce un efecto beneficioso, se repite en
el tratamiento sucesivo. Si no se produce ninguna mejoría, la
dosis puede aumentarse gradualmente, incrementando o la intensidad (Watt/cm2)
o el periodo de emisión hasta que se consigan efectos positivos.
Es posible aumentar progresivamente las dosis en modalidad
pulsada como se indica a continuación:
0,8 Watt/cm2 durante 4 min.
1 Watt/cm2 durante 5 min.
1.5 Watt/cm2 durante 5 min.
1.5 Watt/cm2 durante 6 min.
1.5 Watt/cm2 durante 7 min.
1.5 Watt/cm2 durante 8 min.
1.5 Watt/cm2 durante 9 min.
1.5 Watt/cm2 durante 10 min.
2 Watt/cm2 durante 10 min. (raramente)
Una dosis de 2 Watt/cm2 durante 10 minutos suele considerarse
la dosis máxima admitida. Si no se consigue ninguna mejoría
utilizando este programa de tratamiento, es muy improbable que los ultrasonidos
puedan producir beneficios apreciables.
Indicaciones para ultrasonterapia.
Lesiones recientes e inflamaciones.
El ultrasonido se utiliza frecuentemente en afecciones
postraumáticas de los tejidos blandos, por cuanto el efecto mecánico
contribuye a la remoción del exudado traumático y reduce
el riesgo de formación de adherencias.
La analgesia producida por los ultrasonidos permite
una rápida recuperación del uso de la parte afectada y
hace la sintomatología más tolerable. Las inflamaciones
tratadas con dosis adecuadas de ultrasonidos responden de manera igualmente
positiva.
Tratamiento del dolor.
Los ultrasonidos se utilizan frecuentemente en el tratamiento
del dolor en patologías del sistema locomotor.
INDICACIÓN DE LA ZONA DE APLICACION
Reumatismo en la parte dolorida
Artritis en la parte dolorida
Artrosis en la parte dolorida
Neuralgia en la parte dolorida
Neuritis en la parte dolorida
Edema crónico
El efecto mecánico del ultrasonido influye positivamente
en el tratamiento del edema crónico y contribuye también
a la eliminación de las adherencias que se producen entre las
estructuras adyacentes.
Aplicaciones especiales del ultrasonido
1) Ultrasonoforesis: con este término se define
el tratamiento médico que permite introducir medicamentos en
el cuerpo utilizando la energía ultrasónica. Es de mucha
utilidad cuando no es posible utilizar el método clásico,
mediante el cual se introducen los fármacos a nivel cutáneo
mediante el masaje, porque los tejidos están hipersensibles.
También aplicando la corriente galvánica
(iontoforesis) es posible introducir los medicamentos, e incluso se
logran mejores resultados que empleando el masaje; sin embargo el sistema
más eficaz, cuando sea aplicable, se logra con la energía
ultrasónica. Pruebas prácticas con una pomada de hidrocortisona
han demostrado que el corticoesteroide logra penetrar 6 cm.
Por tanto la asociación de la energía
ultrasónica con un componente que puede ser absorbido por la
piel resulta muy eficaz, cuando este método pueda aplicarse sin
problemas. La energía ultrasónica con posibilidad de introducir
un fármaco a través de la piel, al ser un "masaje
mecánico", no determina ningún efecto de tipo galvánico.
Además, las sustancias introducidas pueden penetrar más
en profundidad, debido a que en la zona sometida a efecto ultrasónico
se produce un aumento de la permeabilidad de las membranas.
Algunos medicamentos se presentan en forma de pomadas
que pueden administrarse fácilmente por vía ultrasónica.
Otras sustancias en forma líquida pueden frotarse sobre la piel
con un tampón de algodón antes de aplicar el medio de
contacto (gel) sobre la zona a tratar.
Los medicamentos activos más indicados en el
tratamiento con ultrasonoforesis pueden clasificarse en:
a) fármacos que influyen en la circulación, como la histamina,
el mecolil o nicotinato de metilo; se trata de potentes vasodilatadores
que resultan muy eficaces en procesos reumáticos, inflamaciones
asépticas y trastornos de la circulación periférica.
b) medicamentos con acción antiinflamatoria
que contienen en muchos casos corticoldes frecuentemente utilizados
en el tratamiento de bursitis, reumatismo de los tejidos blandos, tendinopatías
e inflarnaciones asépticas.
2) Asociación de ultrasonido y corriente
de media y baja frecuencia: por terapia combinada se entiende
la aplicación simultánea de ultrasanidos y corrientes
eléctricas. En este caso se utiliza el cabezal ultrasónico
como un electrodo; por tanto el mismo cabezal suministra a la vez la
corriente y la vibración ultrasónica.
El efecto terapéutico de la terapia combinada
es mucho mayor que los efectos conseguidos por los dos tratamientos
aplicados separadamente y en forma consecutiva. Y otro aspecto muy importante
que se logra es la reducción del tiempo necesario para solucionar
el problema.
3) Asociación de ultrasonido y corriente
unidireccional de baja frecuencia: las corrientes diadinámicas
suelen utilizarse en combinación con los ultrasonidos.
Pueden emplearse también otras clases de corrientes como la corriente
de Traebert, o cualquier otra corriente continua o interrumpida de baja
frecuencia.
4) Asociación de ultrasonido y corriente
bidireccional de baja frecuencia: en combinación con
el ultrasonido hoy se prefiere utilizar una corriente como la TENS que,
siendo bidireccional, elimina totalmente los inconvenientes típicos
de las corrientes unidireccionales (corrientes diadinárnicas
y de Traebert) y permite alcanzar resultados terapéuticos más
apreciables.
5) Asociación de ultrasonido y electraterapia
con corrientes de media frecuencia: la corriente bidireccional
de frecuencia media (interferencial AMF) con tensión constante,
es la forma de corriente más indicada para la terapia combinada,
por cuanto es la más tolerable por el paciente. Además
las corrientes bidireccionales como la TENS y la AMF presentan las ventajas
siguientes:
a) la apertura y el cierre del circuito eléctrico no causa ninguna
sensación desagradable al paciente.
b) no producen una excitación agresiva y consecuentemente ningún
efecto de tipo galvánico.
c) colocando correctamente el electrodo es posible alcanzar las estructuras
más profundas.
Las pruebas efectuadas combinando ultrasonidos y corrientes eléctricas
han proporcionado resultados muy interesantes. La aplicación
simultánea del ultrasonido y de la corriente eléctrica
permite una penetración más profunda del efecto de la
corriente, debido a que la energía ultrasónica aumenta
considerablemente la permeabilidad del tejido cutáneo facilitando
la introducción de la corriente eléctrica que, al encontrar
una menor resistencia cutánea, puede alcanzar estratos más
profundos.
En este caso la intensidad ultrasónica debe
mantenerse bastante baja, ya que la terapia combinada no necesita una
elevada energía para conseguir resultados apreciables. Es igualmente
posible utilizar una corriente de intensidad más baja. Utilizando
una potencia ultrasónica y una corriente reducidas pueden efectuarse
tratamientos más largos sin el peligro de que se produzcan efectos
cutáneos indeseados.
En caso de utilizar una corriente constante, se debe
advertir al paciente que puede percibir una sensación de cosquilleo
un tanto desagradable durante la remoción y reaplicación
del cabezal de tratamiento al cerrarse el circuito.
Contraindicaciones
absolutas al uso del ultrasonido
Afecciones vasculares
Condiciones en las que la administración de ultrasonidos puede
causar la ruptura de un émbolo, como por ejemplo la tromboflebitis,
no pueden someterse a tratamiento con ultrasonidos.
Sepsis aguda
Una zona afectada por sepsis aguda no puede tratarse con el ultrasonido
por el peligro de difusión de la infección.
Radioterapia
La radioterapia produce un efecto contrario en los tejidos, por tanto
no pueden suministrarse ultrasonidos en las zonas sometidas a radioterapia
antes de que hayan pasado seis meses desde la última irradiación.
Tumores
Los tumores no pueden someterse a tratamiento ultrasónico porque
los ultrasonidos podrían estimular el crecimiento del tumor y/o
producir metástasis.
Embarazo
Un útero grávido no puede someterse a tratamiento pues
los ultrasonidos podrían acarrear daños al feto (la ultrasonografía
como instrumento diagnóstico durante el embarazo difiere de las
técnicas de barrido utilizadas con fines terapéuticos).
Cardiopatías
Los pacientes que han sufrido de cardiopatías son tratados con
intensidades muy bajas para evitar dolores súbitos. Además,
zonas como el ganglio cervical o el nervio vago deben evitarse por el
peligro de efectos cardíacos. En pacientes con marcapaso debe
evitarse el tratamiento con ultrasonidos en la región del tórax
y de la columna, ya que el generador de ultrasonidos puede influir sobre
el funcionamiento del marcapaso.
RIESGOS
Sobrecalentamiento del periostio
La refracción de una onda ultrasónica sobre un hueso puede
producir una concentración de energía térmica causando
un dolor localizado en el periostio.
Fig. 1
La refracción de los ultrasonidos se puede originar
a nivel de la interfaz de los tejidos, provocando un efecto térmico
concentrado en ese punto. Esto se produce con mayor probabilidad en
la interfaz entre el periostio y el hueso (fig. 1). Cuando la onda es
refractada por el hueso, la intensidad del ultrasonido en la región
del periostio se duplica produciendo un sobrecalentamiento localizado
que suele manifestarse en forma de dolor. Por tanto, cuando sea posible,
es aconsejable evitar el deslizamiento del cabezal de tratamiento sobre
prominencias óseas. Cuando no pueda evitarse, es oportuno efectuar
el tratamiento subacuático.
Quemaduras
Si se utiliza un rayo continuo manteniéndolo
fijo en un punto, puede acumularse una energía térmica
excesiva en los tejidos, lo cual puede causar una quemadura endógena.
Para prevenir eficazmente tal eventualidad se aconseja tener el cabezal
en movimiento durante el tratamiento, cuando se utiliza la emisión
pulsada, y siempre que sea posible evitar las prominencias óseas.